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En fin, addenda inmediata: http://www.elpais.com/articulo/espana/familiares/secuestrados/exigen/libere/piratas/detenidos/Espana/elpepuesp/20091106elpepunac_4/Tes

Los familiares del atunero vasco Alakrana secuestrado en Somalia han pedido:

A-que se libere a los dos piratas somalíes detenidos por la Armada en aguas del Índico y trasladados a España para ser juzgados, tal y como reivindicaron ayer los jefes tribales.

No depende del gobierno que los piratas que están siendo procesados sean o no liberados. Depende del poder judicial, que es plenamente independiente del primero y tampoco puede dejarlos en la calle de forma inmediata. Y menos, desde luego, plantarlos en Somalia. Que nuestros jueces no dependan del poder ejecutivo español implica, y no se escapará esto ni al más lerdo, que no dependen de un jefe tribal somalí. Nuestro gobierno tampoco debería hacerlo.

B- que se “descarte” la opción militar y se opte por una solución pacífica.

O sea, que se pague un rescate de forma inmediata. Un Estado no puede negociar con particulares en un plano de igualdad. Y menos con criminales. En cualquier caso, el hecho de ser familiar de las víctimas no genera ningún derecho ni facultad para pedir justicia, más allá de la lógica pataleta.

Por otra parte pagar un rescate no es una solución pacífica, porque las soluciones pacíficas son bilaterales. Sería el fin (no una solución) de una violencia ejercida previamente-unilateral- por haber logrado esta su objetivo. Ni siendo ni solución ni pacífica, no veo sus ventajas más allá de que el gobierno se ampare en haber actuado en un cliché de reciente factura, que consiste en que lo civilizado y noble es no enseñar los dientes en la comunidad internacional. Churchill, por este razonamiento, era un gran déspota, un retrasado mental, un reaccionario y un necesitado de las enseñanzas de juventudes o nuevas generaciones, forja insigne de estadistas. Y premio Nobel de literatura, claro.

Además, han denunciado que en toda la jornada de ayer ninguna institución se puso en contacto con ellos y que, al intentar ellos llamar, fueron ignorados.

De nuevo: ser familiar de un secuestrado no es título alguno para participar o influir en la toma de decisiones del Estado. Se ha extendido la creencia, por el populacheo de los políticos, de que el familiar debe ser informado, consultado y hasta condecorado. Decía una viuda esta mañana que ellas no quieren una medalla: descuide, no veo donde está el mérito en ser secuestrado y que te maten o te suelten. Y conste que, desde luego, estoy en el bando español y quiero su liberación. Pero comportándose España no como un familiar-yo, desde luego, pagaría si pudiera el secuestro de mi padre o hijo o primo, porque es lo único que puedo hacer (no tengo ejercito)- sino como un Estado. Por eso los failiares ni juzgan ni deciden: no sabríamos hacer lo debido.

Por último, han “solicitado al conjunto de la sociedad y de los partidos su solidaridad y adhesión a sus exigencias”.

Sus exigencias-no se sabe si de ellos o de los piratas, pero da igual, pues son las mismas- consisten en la sumisión de un Estado a la voluntad de un analfabeto somalí con una pistola y un barco. Dicha sumisión entraña el compromiso de someterse en el futuro, lo que aumenta de modo notable las probabilidades de que los barcos españoles sean objeto de secuestro.

Me pasa a diario, antes de cada comida, pero hoy con más intensidad: qué desgracia no haber nacido cerca del Támesis.

piratas

No creo que la piratería haya cambiado gran cosa en los últimos dos mil quinientos años. Robas un barco decente, consigues tripulación y te dedicas a llenarte los bolsillos para que poner un pie en tierra y llamar a la puerta del prostíbulo sean la misma cosa. La libertad es geométrica y no hay sitio en la faz de la Tierra en que uno se sienta más libre que en el mar, sentado en proa, recibiendo en la cara besos de espuma y sal. El mar tiende a infinito, y por tanto es-por geometría- un refugio de infinita libertad.

Normalmente los piratas eran marineros hastiados de la disciplina de los capitanes. El capitán pirata dormía y comía como sus hombres, codo con codo, compartiendo harapos. Existía una suerte de economía comunal, un embrión de libertad. Cuando los piratas capturaban un barco sometían a la voluntad de la tripulación vencida la ejecución de su capitán. Contra un oficial justo no se tomaban represalias.

Estoy de acuerdo con la visión romántica del pirata, pero creo que deben hacerse dos precisiones para no parecer imbécil. Primera: un pirata sentía los impulsos de libertad como una masa indistinta, como una súbita excitación. No los habría puesto en verso jamás ni habrían trascendido su interior. Segundo: al igual que el pirata como individuo guardaba el posible romanticismo-o sea, lo que sería romanticismo para los no piratas- para sí, el deseo de justicia de la piratería en su conjunto se reducía a sus miembros. Se reservaban para los demás torturas, ejecuciones e injusticias de todo tipo.

Un pirata es un pirata: salvaje, analfabeto, enseñoreado en un barco robado y dispuesto a dar muerte a cualquiera, por muy poco. Parece que sólo puedan lavar su libertad con sangre ajena. La nacionalidad de los piratas, hoy, tiende a ser oriental o africana. Lógicamente: no hay piratería sin un régimen previo de sumisión. Sin embargo el Estado occidental ha cambiado notablemente. Somos Estados sociales, democráticos y de Derecho. Mejor ni entremos a analizar esto, a ver si nos hacemos daño. El Estado del siglo XVII, muy ineficaz para proteger a sus ciudadanos dentro de sus fronteras, fue muy eficiente creando o aniquilando piratas. Apunten, fuego, un barco menos. Contra los piratas berberiscos se combatía exactamente igual que contra una fuerza naval estatal. El siglo XX reglamentó el mar. Dijo: hasta aquí tuyo. Principalmente por el petróleo de la plataforma continental y los bancos de túnidos.

Me preocupa que la gente con un mínimo de formación jurídica-o que pretende aparentarla- opine con tanta liberalidad sobre esta cuestión. Hace poco leí a un señor muy culto y algo menos inteligente-pero inteligente también y mucho- que los piratas, en esto del secuestro de los pescadores vascos en Somalia, no eran los somalíes; sino los españoles, por ir a pescar allí. Naturalmente una infracción pesquera no se considera piratería, sino una violación de los Tratados Internacionales sobre pesca, con consecuencias distintas. Tal vez la opinión sólo quisiera distinguirse, que es el vicio de los intelectuales, pero me parece un desperdicio de medios. Una ceguera: el chico del rifle es el pirata, el otro el marinero. Ojo, lo mismo el marinero es un chorizo. La cuestión no es la ilicitud, sino el tipo de ilicitud. El homicida y el ladrón van a la cárcel, pero no tienen la misma pena. Me s’entienda.

Una opinión de creciente beneplácito es la intervención militar. Cuando los civiles opinan-opinamos- sobre lo militar solemos hacer el ridículo, porque nuestra representación de la realidad es ficticia. Los tiroteos son más rápidos y secos, las balas suelen acertar a la primera o la segunda. Intervención militar no es sinónimo, aquí, de cuerpos de elite entrando sin ser vistos y eliminando piratas como en el Commandos, a este lo estrangulo, a este lo apuñalo, este que me guíe al puente de mando que me voy a quedar solo. Creo que una intervención militar, a estas alturas de película, entrañaría la muerte de algún militar español y de más de un pescador. Desde luego también la de muchos piratas.

La cuestión es otra: ¿merece la pena una intervención militar, con ese coste?

Los familiares están indignados porque, según ellos, el Gobierno está engañándolos. Pues claro. Nos engañan a todos. La ministra de defensa dijo ayer que, pase lo que pase, toda la actuación española estará inspirada por el principio de que los pescadores no sufran daño. Error: usted no está tratando con niños en una piscina de bolas, sino con un secuestro perpetrado por piratas. El único principio que no debería olvidarse es que los pescadores pueden sufrir daño en cualquier momento. La evolución de la objeción de conciencia en España ha llevado de la mano el nacimiento de la noción militar, ciertamente inaudita, de que pertenecer al ejercito no entraña riesgo de muerte. Una misión de paz es, forzosamente, una misión de guerra: si no hubiera guerra pacificar sería innecesario. Hasta 2004 en la ONU se hablaba de “asesinatos selectivos”. Como muchos entonaron un armonioso What the fuck?, empezaron a hablar de “asesinatos”. Si alguien tiene curiosidad por saber a qué se dedica el ejército sólo tiene que sustituir “misión humanitaria” o “de paz” por “contingente armado enviado a la guerra”. Los resultados comenzarían a cuadrar.

El problema de la violencia es que es una solución tremendamente eficaz en la práctica. ¿Más espacio? Conquisto una colonia. ¿Mano de obra barata? Esclavizo una nación vecina. ¿Barco pirata? Cañonazo a la línea de flotación. Sin embargo entraña un coste moral que la hace indeseable. Ciertos gobiernos tienen complejos más intensos a la hora de usar la violencia, parecen tener más músculos en la lengua que en los brazos. Querría yo ver a los piratas contemplando a tres leguas la Union Jack ondeando en el pabellón de tres fragatas inglesas. Apostaría por la inmediata liberación y una invitación a té para Isabel, cuando ella pueda o quiera, que estamos aquí para servirla.

La vía negocial: muy notable. Sería sabio regatear con clase y tino, para que cuando secuestren otro barco el mes que viene el precio no se nos dispare. Como gesto de buena voluntad podríamos adjuntar en el sobre una tabla de aranceles, cama aparte, para que el pirata pueda decir: me lo sueltas, que es pequeño.

Me pregunto si la intervención armada, asumiendo su coste, parecerá más razonable conforme más violencia hayan desplegado los piratas. Si los tres tripulantes amenazados hoy de muerte son asesinados antes del almuerzo, ¿sería más legitima la intervención? Se habría conseguido un análisis pasional, no racional, y un punto de partida con tres muertos más. Será que yo, que no tengo ya padre para que se me muera o me lo maten, opino como un pollo de barra, pontificando machito tras el carajillo: a veces, para hacer las cosas bien, hay que morirse o dejar que te maten.

Al menos si quieres salvar la vida. Una salus victis nullam sperare salutem.

La niña torera

Pues resulta que Sotheby’s, esa casa de subastas británica que podría montar un museo con sus fondos, expone en Madrid los lotes que se subastarán en Londres, Dios mediante, el 24 de noviembre. Entre los cuadros está “La niña torera”, firmado por Julio Romero de Torres. Una mujer joven aparece desnuda de torera, en primer plano, en la boca del pasillo que da al ruedo de la plaza de Las Ventas. Lo que te sacude de los cuadros de Julio Romero de Torres es que la ropa de las modelos no cubre su desnudez. Te las desnuda vistiéndolas, como dándoles un icono que identifique la carne blanca de las modelos. La posante, en este, fue Elena Pardo.

Sotheby’s dice: entre 275.000 y 385.000, great Spanish painter, you know. A perfect combination of realism and impressionism, man. Al marco invita la casa, que estamos rumbosos y entendemos lo de la crisis. Aflojando.

Supongo que nuestro ayuntamiento no va ni a intentarlo. Ahora somos muy comedidos, muy de obra pública, muy de leer la letra pequeña de los presupuestos por si peligra el pan de centeno de los concejales. La cosa será más o menos así:

-Sotheby’s: Monsieur le enchérisseur, Votre Grâce me fera-t-elle l’honneur d’accepter ce tableau?

-Pujador de por ahí: no sé, las patillas de la torera me parecen un punto excesivas. No quiero modernismos en mi museo.

-Director de museo British: tell me how much.

-Pujador 2: es que mi país está en crisis, si no… qué bello.

-Director de museo British: come on guys, I want it, just tell me how much.

-Pujador 3: ¡qué lástima no llevárselo a casa!

-Gobierno inglés: fuck you, Sotheby’s! Gimme, gimme, gimme!

-Ayuntamiento de Córdoba: la situación obliga a este sacrificio, viendo en tierra extraña cómo se aleja el cuadro del amadísimo Julio, condenado a vagar por colecciones privadas hasta el día añorado en que la fortuna, implacable, lo devuelva al seno de la plaza del Potro junto a sus hermanos, para solaz nuestro y de nuestra capital, siempre en deuda con…

-Cualquiera de habla inglesa: stop it man, I’ve bought it already. Let me introduce you to my little daughter if you want to cry some more.

Hace unos años sucedió lo mismo, y Rosa Aguilar, alcaldesa entonces, se plantó en Londres con un maletín y puso a hervir la sangre de los coleccionistas británicos, que tuvieron que vendarse el navajazo en el orgullo haciendo jirones el título de Lord. Fíjate en lo que pasa cuando andas jodiendo con una administración que no mira la billetera. A mí esa chulería me pone la mano temblorosa delante de la urna, no sé, como poseído de orgullo bolchevique. Salía un cuadro, lo quería un coleccionista millonario, Rosa se plantaba en un salón tradicionalmente vetado, con su idioma español, su comunismo, su metro sesenta escaso entre torres de metro noventa y tantos bien criadas desde Enrique VIII, y les pegaba en la boca, y que ladraran aquí y allí. Hay dos cosas que me encantan de Rosa Aguilar: una que siempre se quedaba hasta el final de los actos, y si tenía prisa prescindía de la copa. La otra que es dura. La mirabas y te decías: esta mujer es dura de verdad.

La actividad del ayuntamiento de Córdoba, últimamente, consiste en ver al alcalde en funciones discutiendo por cuatro perras con el jefe de filas del Partido Popular. No se han dado cuenta de que cualquiera que sepa leer se percata desde el primer párrafo de que no discuten por nuestras perras, sino por sus perras, o sea, por la preocupación de que la rentabilidad de una concejalía descienda. En España la gente no dimite porque existe un servilismo natural hacia el político, un dejarle el mejor sitio y pruebe usted de esto, mucho gusto en invitarle, aquí como en su casa no faltaba más. No hay una adicción al cargo, sino a su prebenda: sienta mal perder el coche oficial y la línea de móvil, porque cuando dejan de lamerte el resto de baba da frío.

A lo que iba: sé que no va a pasar, pero siento un cosquilleo en la entrepierna pensando en que Tejada, Blanco y Nieto, dueños de este cortijo; están hablando un día de sus cosas y sale el tema de la capitalidad cultural del 2016. Y se dan cuenta de que con los últimos presupuestos de la Junta de Andalucía en vez de poner sobre la mesa 18 millones  para el Palacio de Congresos de Miraflores nos van a endosar 20, por nuestra cara, porque a algún funcionario se le habrá corrido la celda del excel o quería cuadrar la cuenta y no tener picos. Me imagino que de aquí al veinticuatro alguno dice: ¿sabes que estaría del carajo? Trincamos los dos millones de más que estaban sin presupuestar, cogemos medio, vamos a Londres y compramos La niña torera. Dándole emoción, ¿sabes? Que primero pujen los ingleses, dos o tres japoneses y un coleccionista austríaco, y justo ahí levantamos la mano y le murmuramos al gentilhome: por mis cojones que me llevo el cuadro a Córdoba, ya puedes ponerte como quieras. Y nos sobra millón y medio, total, y fíjate en el tanto que nos marcamos.

Pero no pasará. Habrá que prestar atención a la decoración del Palacio de Congresos y los fuegos fatuos de 2015-ahí sí que nos vamos a reír- para ver en qué hacía falta gastarse los cuartos de verdad.

Les temo.

Desde mañana actualizo a diario. Y hasta pienso cambiar el diseño, las categorías y los temas.

Y la mala leche.

Hallelujah!!

Barney Stinson, de HIMYM, es uno de los personajes cómicos-tal vez no tanto- más logrados de los últimos años. Un personaje carismático es el que genera un impulso de imitación en los demás, aunque no se comparta necesariamente su forma de ser o pensamiento. Es un pensar sobre otro: “esa idea es buena”.

Barney tiene algunas ideas fabulosas. El Bro Code, sin dejar de ser una animalada, es una animalada tan bien hecha que resulta una celebración de la masculinidad clásica, como Rob Fleming en Alta Fidelidad. Sus costumbres, perversas, son divertidísimas casi siempre. Dan ganas de adaptarlas, que es tanto como reconocer la validez del fondo, del método, de la actitud. El guionista debe ser un compañero de farra formidable.

En el capítulo 1×11, “La limusina”, Barney expone la necesidad de estar siempre “psyched”, o sea, “eufórico”. Salir  a la calle con the right frame of mind. Suele conseguirse con música. TCTR lo estudió hace algún tiempo, la canción Girls just wanna have fun es un clásico del peinado ante el espejo y Barney propone veinte canciones o así para salir bailoteando por las aceras empapado en endorfinas.

El recopilatorio es brutal, empieza alto y sigue alto. Camina por la frontera entre el ridículo y lo épico. Lo ha tenido tan fácil como tirar del rock ochentero y las voces masculinas melódicas, que por desgracia ya no se llevan entre los rockeros. Eso pasa por drogarse con salud.

La lista de canciones sale en el capítulo, y se desarrolla en el Bro Code y el blog de la cadena. Son las siguientes:

Imagen 6

Dense el gusto, son 80 megas de delirio a los que subir el volumen al volante. Se puede descargar aquí. ( http://www.megaupload.com/?d=69YATUP6 )

As a matter of worship: Thunderstruck!

Me encanta. El subtítulo es genial: lesser known Greek philosopher. Se trata de un filósofo griego eclipsado por Sócrates, Platón y otros de su calaña, rescatado del olvido injustísimo gracias a las nuevas tecnologías. El autor es conocido ya por su “Tarantino’s Mind”, un corto muy entretenido. Y ojo: esto es mejor.

En youtube están todos los capítulos, pero recojo el tercero. Y si alguien echa un vistazo a los demás que atienda al comentario sobre la República de Platón y al capítulo quinto, que hace un homenaje a REM al final. Ahí queda eso:

geminis
Se sabía que a Tindaro las cosas iban a irle así asá desde su nacimiento. Su padre era Perieres, rey de Mesenia, una tierra de cierto renombre que estaba a un tiro de piedra de Esparta: bordear el Taigeto y todo recto. Cuando uno nace de un rey la cosa promete y, en este caso, lo hacía con más intensidad de la acostumbrada, porque su abuelo era Eolo. Sin embargo a Perieres no se le ocurrió nada mejor que casarse con Gorgofona, una chica ciertamente mona y con posibles, hija de Perseo, que la llamó así por una evidente manía persecutoria que no le quitó la edad.
Cuando tu madre se llama Gorgofona vas dado. Eso es así. La pelea sobre el nombre de las nietas está garantizada y ya puedes tener destreza con las armas porque los otros príncipes y alevines de matarife se chotean sin piedad. Pero a Tindaro estas cosas le forjaron el carácter y, como estaba cerca, llegó a ser rey de Laconia. De Esparta. Otro día hablamos de cómo se las gastaban estos.
La gente cree que ponerle un par de banderillas a un rey espartano tiene desastrosas consecuencias y que sólo los dioses se atrevían a meterse en sus reales camas y pillar, igualmente, real cacho; pero no es así. Jenofonte nos recuerda con cierto tono libidinoso que el objetivo del espartano era tener una descendencia robusta y bien formada, y si un esposo no podía cumplir o le venía largo o no había manera o vaya usted a saber, podía encomendársele a un fornido treintañero que acometiera la faena. Sin resentimientos, al parecer-habría que verlo-. Por eso Zeus, que sabía de qué pie cojeaba cada cuál, usó con Leda, esposa de nuestro Tindaro, una estrategia sobre la que ya me he pronunciado. Leda se paseaba por el Eurotas y, simplificando, el dios se transformó en cisne y la forzó sin más miramientos. Si alguien siente curiosidad por cómo un cisne puede encaramarse o qué chiste concreto tenía Leda, puede leer el poema de Rubén Darío o estudiar la escultura de Clésinger, en la que se dan amorosamente el pico y Leda no parece sufrir mucho.
Si Zeus no hubiese adoptado la forma de cisne Tindaro ni se habría enterado, porque acostarse con el dios de dioses no es algo que una esté deseando contarle al marido. Pero como hemos empezado diciendo que tenía la negra desde su parto, el pobre se había pegado un revolcón con ella poco antes y al ver que se quedaba embarazada anduvo varios días corriendo de un lado a otro, nerviosísimo, contándoselo a todo el mundo. Leda se temía lo peor y en el momento del parto, con Tindaro atendiendo a los invitados y convidando al personal a unos higos regios, la naturaleza hizo valer sus leyes y la reina puso cuatro huevos uno detrás de otro. Dicen las malas lenguas que Tindaro fue desde entonces un pionero incomprendido del desayuno continental.
En fin. Que de los cuatro huevos nacieron-nos vamos acercando- Castor, Polux, Clitemnestra y Helena. Polux y Helena eran hijos de Zeus así que Tindaro llamó Castor a su niño y sonriendo malévolamente, con el recuerdo fresco de su madre en la cabeza, bautizó a la niña como Clitemnestra. No le fue demasiado bien pero se comportó con más dignidad que su hermana Helena, de la que todavía se están acordando en Troya-la mitología es un pretexto para la Ilíada, como puede observarse-.
Castor y Polux son mucho más famosos que el resto de su familia, con la excepción de su hermana Helena, en la que normalmente no se piensa más allá de la canita al aire troyana aunque llegó a ella con un jugoso historial que en el cine, obviamente, no van a proporcionarnos. Fueron célebres en su primera juventud por limpiar de piratas las costas del Egeo y después ganaron muchos puntos al unirse a los Argonautas.
Se llevaban a las mil maravillas aunque la herencia divina de Polux le proporcionaba inmortalidad e invulnerabilidad, mientras que Castor era mortal. Sus estilos de lucha eran, por lo mismo, dispares: Polux iba a lo suyo y repartía en línea recta hasta que se le terminaban los malos y Castor se especializó en el carro bélico. Hay que saber que a Polux siempre le rieron más las gracias, y la paliza que le dio a Amico en el combate de manopla se convirtió en un clásico chiste de Betricia.
Podrían haber sido un par de héroes bonachones y encanecer entrenando a jóvenes en los riscos, bebiendo leche fresca y comiendo rica fruta. Pero les iba la marcha y su hermana Helena-ejem- ya hacía de las suyas. Teseo-¡sí, el del minotauro y el laberinto!- la había raptado para su entretenimiento personal, pero Atenas, que se ponía muy puritana en ocasiones, insistió en que la chica no podía quedarse allí. Teseo tenía buenas intenciones y se la encasquetó a su madre, Etra, que seguramente trató a Helena a patadas. Y ello fue un grave error porque Helena, a la vista está quedando, era una lagarta de cuidado y cuando Teseo se fue, y llegaron al rescate Polux y Castor, hizo que a Etra-junto a su hija- se la llevaran a Esparta con ella, donde se convirtió, ojo, en su esclava. Yo creo que sus hermanos no querían y lo hicieron por no oirla. Etra quedó así, esclavizada, hasta que terminada la guerra de Troya un nieto suyo la reconoce y Agamenon, magnánimo él y para apuntarse el tanto, la libera.
De todas formas estos hermanos no tenían un código de honor muy estricto y cuando sintieron que se les pasaba el arroz, y que la quemazón genital no iba a resolverse con la historia de la manopla, raptaron a Ilaira y Febea, hijas de Leucipo- hermano de Tindaro- y princesas por su casa. O sea, sus primas.
El problema es que estaban prometidas a Idas, príncipe de los mesenienses, y a su hermano Linceo, a los que ya habían conocido en los argonautas. Por el rapto en sí mismo no era, que estaba casi bien visto, pero los respectivos no pudieron aceptar la excusa de Castor y Polux, que dijeron con mucho rostro que estaban enamoradísimos. Ya entonces este achaque era viejo y no se lo tragaba nadie.

Como todo quedaba en casa aprovecharon que Tindaro-tenía razón, ¿eh?- montaba un banquete sensacional para celebrar el casamiento de sus sobrinas-las raptadas- con sus legítimos. Y en esas estaba, gozando de su quinta tortilla y estrellando huevos contra un cisne de mármol-ocupación que llegó a ocupar sus tardes por completo- cuando aparece esa pareja de energúmenos y se lleva a las chiquillas sin ningún miramiento, sobando y palpando ostensiblemente sus partes blandas. Un escándalo.

Los novios les siguieron y comenzaron una riña tumultuaria de libro, acometiéndose con todos los instrumentos peligrosos que pillaron. Polux despachó en un momento a Linceo pero, por justicia poética, Idas mató a Castor. Antes de ver a su retoño sumirse en un profundo arrepentimiento y dolor místico, Zeus terminó el trabajito de Polux dejando a las princesas, véase, sin novio ni raptor ni celebración nupcial, que ellas ya daban por hechos y además estaban deseando. Se quedaron con las ganas.

Polux quiso suicidarse, pero no podía. Le pidió a Zeus que lo matara, y tampoco funcionó. Rogó que se le devolviera la vida a Castor pero se había perdido toda esperanza. Y al final, quién sabe si enternecido por el recuerdo del roce de las plumas contra los muslos de Leda, les concedió a modo de gracia vivir cada uno una mitad del año, alternando la presencia entre los dioses con estancias no retribuidas en el infierno. La inmortalidad y sus problemas, supongo. Aunque sea por mitades.

En el sistema mitológico de astronomía Castor y Polux son Géminis. Los gemelos. Dicen algunos que en astrología representa la dualidad del ser y la juventud, por lo que los nacidos bajo este signo tienen un carácter jovial, y por eso mismo también pueden parecer inmaduros en ciertas ocasiones. También dicen que el dios olímpico equivalente es Hermes. Y como individuo bajo su patronazgo discrepo: estos tíos no tenían vergüenza y traían a su padre por la calle de la amargura. Tindaro ya no levantó cabeza.

Por si acaso.

Humpty1

Alicia en el País de las Maravillas se publicó en 1865. A través del espejo en 1871. El Mago de Oz en 1900. Carroll había concebido su obra antes, pero contaba con unos treinta y tres años cuando se publicó. Baum había cumplido los cuarenta y cuatro. Probablemente sean dos de las obras de fantasía más importantes de la literatura y hasta hace no mucho las que se habían infiltrado más en la cultura popular. Es curioso que algunos éxitos formidables acaben siendo una lectura selecta, al menos en su versión original sin adaptar. Llegar a la conclusión de que todo niño debería leer Alicia en el País de las Maravillas conlleva que casi ningún niño vuelva a leer el libro, y sólo se rescate por lectores de más edad. El libro para niños deja de serlo y se interpreta con ojos maduros, que frente a la literatura fantástica siempre son inocentes y crédulos. Es mucho más difícil engañar a un niño en literatura porque para los adultos la fantasía es una explicación suficiente. Vale todo. El niño exige una fantasía que diga la verdad.

Ambas obras se han interpretado hasta la saciedad. Suele decirse que El Mago de Oz es una crítica feroz a la economía de la época y que Alicia en el País de las Maravillas es una gran lección de economía. No estoy muy de acuerdo y me temo que para pensar así no se pueden leer los libros interpretados. Es el síntoma inequívoco de que un libro es un clásico: se edita, se vende, todos opinan del mismo y desde luego nadie se toma la molestia de leerlo. Con mucho optimismo Harold Bloom dice que por eso los libros que uno no ha leído también influyen en uno. Yo creo más bien que un autor se muere cuando se muere, y un libro se muere cuando se convierte en clásico.

Siento un gran amor por Alicia-hasta el punto de haber bautizado así personajes cada dos por tres y no quitarme de la cabeza que a una hija mía, si la tuviera, no me costaría nada bautizarla así también- y una curiosidad malsana por la tierra de Oz, que me parece un ejercicio brutal de geografía intelectual. Yo querría conocer a Alicia, pero viajaría a Oz.

Creo que en un mundo perfecto ambas obras estarían unidas y Alicia sería la protagonista del viaje a Oz. Dorothy es un personaje blandito, adulto, insulso en extremo. Quiere lo que querría cualquier niña: volver a casa. Alicia toma decisiones que la llevan al País de las Maravillas. Dorothy no: sólo llega tarde. Alicia tiene capacidad de adaptación sobrada para contestar a lo que le sale al paso. Es más: su lógica es, frecuentemente, superior.

Mientras que Alicia tiene un pensamiento acorde con su escenario Dorothy es una extranjera. Si alguien llegara a Oz, detectaría a Dorothy como anomalía. ¡Oz cambia por Dorothy, porque exige entender lo que ve! Alicia no habría pensado que el Mago es un impostor. Sin embargo, alguien que se topara con Alicia creería que es otro personaje más, tan extraño y ajeno a lo común como todos los demás. ¿Se ha interpretado alguna vez Alicia en el País de las Maravillas como carta de amor? Supone crear un mundo a la medida de la inteligencia de un personaje. Fuera de la literatura habría que ser Dios para hacer la misma cosa: es como dar branquias a alguien que ame el mar.

Alicia, con los zapatos de plata, habría vuelto a Kansas automáticamente. Se habría dicho: hay magia en estos zapatos. Con Alicia, dicho de otro modo, la magia funciona porque ella reconoce instintivamente la posibilidad de un efecto mágico. Dorothy es un ser humano vulgar: no aprende a utilizar los zapatos hasta que se lo explican al final del libro. Es ridículo. Podría haber vuelto a casa en cualquier momento y tiene que correr la aventura completa porque para ella unos zapatos son sólo unos zapatos.

Dorothy es buena chica. Valiente a ratos, comprensiva, dadivosa. Dorothy es cualquiera, es todo el mundo. Se pega una patada en una piedra y brotan miles de Dorothies de todos los sexos y tamaños. Alicia parece tan niña como ella, igual de perdida, ¡pero cuidado! Sólo encontrarás a Alicia una vez. Alicia sabe qué hacer con los zapatos, Alicia sabe exactamente cómo resolver los problemas. A Alicia no le hace falta despertarse, y los sueños con ella no se terminan.

Dorothy no es mala, pero quiere que la Ciudad Esmeralda funcione como una granja de Kansas. ¿Quieres que el mundo te deje encontrar a Alicia? Empieza a pensar de verdad, y busca tréboles de cuatro hojas.

“Ever drifting down the stream, lingering in the golden gleam. Life, what is it but a dream?”

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