It's a long way to the top

If you wanna rock n’ roll

Debate pedagógico

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En declaraciones a Antena 3, ha indicado que este tipo de debates hay que presentarlos de manera “pedagógica” y “explicando mucho las cosas”.

Si la educación del pueblo depende de los políticos la llevamos clara. Se ve que confían en el docendo disco, las criaturas. Y mientras me salen dos ingenieros aeronáuticos de 25 años alistándoseme en las Fuerzas Armadas de machaca, lo que usted diga mi cabo, vamos fregando las letrinas en un momento. Daría mucho por observar de cerca el instante en que un imbécil cualquiera cree que puede empezar a enseñar. Debe coincidir con el primer cubierto de más de 60 de su vida a cuenta de la tarjeta de gastos del Ayuntamiento.

Hay que joderse.

Escrito por Miguel Donate Salcedo

8 Febrero 2010 a 12:43

Escrito en Opinión

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Salinger: mala noticia

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Acabo de enterarme de que ayer murió Salinger. Yo, en sus términos, querría haberle estrechado la mano y comentar su obra. Me gustaría escribir mucho, ahora, para mí y de cualquier cosa, del día mismo, dejar que emborronar la pantalla fuera un lento desangrarse, un irse, un deshacerse en tinta que ya no es tinta, porque con esto de no necesitar cuartillas en blanco y relecturas al pasar a limpio, los buenos libros van teniendo más de azar y viento a favor que de oficio. Ni el dolor de parto van a dejarnos. Pero no puedo escribir mucho, no hoy. Estoy cansado y me voy a la cama sabiendo que ha muerto Salinger. Que he podido pasar un día entero sin enterarme, lo que me asusta, porque si hubiera muerto cualquier imbécil con relumbrón no dejarían que pensáramos en otra cosa. Y ahora, rota la ola, a esperar llantos y entusiasmos. Desmedidos seguro.  Es como si hubiera muerto antes: no se le podía leer.

Mañana será un día largo.

Escrito por Miguel Donate Salcedo

29 Enero 2010 a 0:21

Escrito en Literatura, Vida y milagros

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Revista de prensa

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A los periódicos españoles de domingo les falta peso. Seguramente es porque van gastando la pólvora en salvas a lo largo de la semana y, yendo a rematar, lo tienen todo dicho. En los países de habla inglesa el periódico dominical es una mole inmensa de papel, un derroche de información inconsumible. La idea es repartirlo entre la familia o los ánimos o las horas: la crítica cultural se lee-pongamos- con el café con leche y el picatoste dominguero, y los deportes se engullen con el vermut y los encurtidos.

Los nuestros: unos anoréxicos de cuidado. Casi no leo prensa tradicional a lo largo de la semana, pero a poco que me retrase en salir de casa el domingo-o me adelante al volver del estudio- se me endosa la noble tarea de comprar el periódico Córdoba, que al parecer se canta las diez de últimas semanales regalando un Pronto. Últimamente, como compensación, me subvencionan un periódico nacional de mi elección, que me parecen instituciones generosas y nutricias, que sacrifican sus beneficios para ponerle un par de grapas a los ejemplares. Eso se agradece, pues claro que sí. Es como cuando en tiempos de la ESO uno debía entregar un trabajo “bien presentado”, y tras agrandar a 72 la letra de la portada-y centrarla, ¿eh?- sumaba una página de cortesía en blanco y dos grapas en la esquina, chus-cun, chus-cun; que uno por aprender paga lo que sea. Oh prócer.

Esta semana me llevé un Abc. La anterior un Mundo, y el día 31 caerá un País. Si tampoco tengo más horizontes, ni soy dificultoso. Yo creo que a todos ellos podrían largarles un potaje de tocino papelero, un incremento garbancil de páginas y secciones. Con esto de venir escasos uno los abraza y se clava los costillares ajenos, echando de menos algo que agarrar con lascivia. Lo dijo en octubre de 1998, en un recreo, mi querido José Luís Jiménez, que hace cuatro días le ha dado carpeta al examen de MIR y es ya, de mi generación conocida y promoción de origen, el primer hombre hecho y derecho, a la antigua, con la carrera terminada como está mandado y en disposición de ganarse el pan con su sola inteligencia, que ya les digo yo que es mucha. Bien por ti y por haber llegado a tu sitio sin dejar de ser una buena persona. Vio pasar-en el 98, háganse cargo- a una chica mayor, esbelta, de como mucho 45 kilos; un ninfa etérea con el viejo COU enfilado, y entre el babeo general espetó: “pues Leer el resto de esta entrada »

Escrito por Miguel Donate Salcedo

26 Enero 2010 a 14:15

Mi ESO.

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Reza: ” Pato absorto y lleno de dudas existenciales ante la visión de un flotador que dice “cuac” “. Mi ESO fue muy productiva.

Escrito por Miguel Donate Salcedo

22 Enero 2010 a 11:49

The legend of John Henry’s Hammer

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No quedan hombres.

John Henry’s pappy woke him up one midnight
He said, “‘Fore the sheriff comes I wanna tell you – listen boy!
Said, Learn to ball a jack, learn to lay a track, learn to pick and shovel too,
And take my hammer! It’ll do anything you tell it to.

John Henry’s mammy had about a dozen babies,
John Henry’s pappy broke jail about a dozen times
The babies all got sick and when the doctor wanted money,
He said, I’ll pay you quarter at a time startin’ tomorrow
That’s the pay for a steel driver on this line.

Then the section foreman said, Hey – hammer swinger!
I see you brought you own hammer boy, but what else can all those muscles do
And he said, I can turn a jack, I can lay a track, I can pick and shovel too
(Can you swing a hammer boy?)
Yes, Sir, I?ll do anything you hire me to.

Now ain’t you something! So high and mighty wif’ your muscles!
Just go ahead, boy, and pick up that hammer! Pick up the hammer!

He said, Get a rusty spike and swing it down three times.
I’ll pay you a nickel a day for every inch you sink it to.
Go on and do what you say you can do.

With a steep nose hammer on a four foot switch handle,
John Henry raised it back ’til it touched his heels. Then
The spike went through the cross tie, and it split it half in two.
Thirty-five cents a day for drivin’ steel.
(Sweat! Sweat boy, sweat! You owe me two more swings!)
I was born for driven steel.

Well John Henry hammered in the mountain.
He’d give a grunt and he’d give a groan with every swing.
The women folks for miles around heard him and come down,
To watch him make the cold steel ring. Lord what a swinger!
Just listen to that cold steel ring!

But the bad boss come up laughin’ at John Henry.
Said, You full of vinegar now, but you about through!
We gonna get a steam drill to do your share of drivin?,
Then what’s all them muscles gonna do? Huh, John Henry?
Gonna take a little bit of vinegar out of you.

John Henry said, I feed four little brothers,
And baby sister’s walking on her knees.
Did the lord say that machines aughtta take the place of living?
And what’s a substitute for bread and beans? (I saint seen it)
Do engines get rewarded for their steam

John Henry hid in a coal mine for his dinner nap.
Had thirty minutes to rest before the bell.
The mine boss hollered, Get up, whoever you are, and get a pick axe!
Give me enough coal to start another Hell. (And keep it burnin!)
Mine me enough to start another Hell!

John Henry said to his captain, A man ain’t nothin’ but a man.
But if you’ll bring that steam drill round, I’ll beat it fair and honest.
I’ll die with my hammer in my hand but I’ll be laughing
‘Cuz you can’t replace a steel driven man.

There was a big crowd of people at the mountain,
John Henry said to the steam drill, How is you?
Pardon me mister steam drill, I suppose you didn’t hear me. I said how’re you
Well can you turn a jack, can you lay a track, can you pick and shovel too?
Listen – this hammer swinger’s talkin’ to you!

2000 people hollered, Go, John Henry!
Then somebody hollered, The mountain’s caving in!
John Henry told the captain, Tell the kind folks don’t worry.
That ain’t nothin’ but my hammer suckin’ wind! (It keeps me breathing.)
A steel driver’s muscle I intend.

Captain, tell the people, move back further!
I’m at the finish line and there ain’t no drill.
It’s so far behind, but yet ain’t got the brains to quit it!
When she blows up she’ll scatter cross the hills! (Lord Lordy!)
When she blows up she’ll scatter cross the hills!

Well John Henry had a little woman,
I believe the lady’s name was Polly Ann. (Yeah that was his good woman.)
John Henry threw his hammer over his shoulder and went on home.
He laid down to rest his weary back, and early next mornin’, he said,
Come here Polly Ann Come here Sugar
Ya know, I believe this is the first time I ever watched the sun come up
That I couldn’t come up.
Take my hammer, Polly Ann, and go to that railroad.
Swing that hammer like you seen me do it.
And when you’re swinging with the lead man,
They’ll all know they’ll all know you’re John Henry’s woman
But, but tell them ain’t all you can do.
Tell ‘em I can hoist a jack, and I can lay a track,
I can pick and shovel too! (Ain’t no machine can!)
That’s been proved to you!

There was a big crowd of mourners at the church house.
The section hands laid him in the sand.
Trains go by on the rails John Henry laid.
They slow down and take off their hats, the men do.
When they come to the place John Henry’s layin’, restin’ his back,
Some of ‘em say, ‘Mornin’, steel driver! You shor’ was a hammer swinger!
Then they go on by, pickin’ up a little speed. (Clickity clack, clickity clack, clickity clack, clickity clack)
Yonder lies a steel drivin’ man, oh lord!
Yonder lies a steel drivin’ man.
Yonder lies a steel drivin’ man, oh lord!
Yonder lies a steel drivin’ man.
Yonder lies a steel drivin’ man, oh lord!
Yonder lies a steel drivin’ man.

Escrito por Miguel Donate Salcedo

21 Enero 2010 a 21:05

A vueltas con el Kindle: medida de urgencia.

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No tengo un kindle. Y me hallo en ese punto tedioso del ahorro en que uno busca desesperadamente argumentos para no gastar y que termine la miseria dentro de la miseria, que es lo que late en el ahorro del pobre. Sin embargo me parece un aparato genial, siempre que se le quite importancia.

Desde luego cuando hablo de un kindle hablo de un kindle, y no de cualquier otro libro electrónico. Las alternativas de fabricación española son una verdadera mediocridad, tanto por su precio y tecnología-hay que estar muy desinformado para pagar entre un treinta y un cuarenta por ciento más por un aparato inferior, obsoleto desde su concepción y comercializado a la carrera- como por el catálogo de libros disponible, ridículo si se compara con el gigantesco número de obras que Amazon lleva recopilando los últimos quince años-o así-. Las editoriales, que además de leer y publicar y darse al mecenazgo se ven obligadas por las circunstancias a llenar sus arcas; se han concentrado en el formato del kindle como las compañías de videojuegos se centran en programar para la consola que más vende, por aquello de que no hay más cera que  la que arde y con la que está cayendo mejor arrimarse al que tiene las tareas hechas.

Pues eso, el kindle. Que es formidable pero se le debe quitar importancia. Un kindle admite unos 4000 títulos, así que las bibliotecas no deberían verse amenazadas: harían falta veinte o treinta kindles para albergar una biblioteca monumental, y muchas bibliotecas personales exceden con facilidad de ese número de libros (deben revisarse, eso sí, los sistemas de biblioteca pública). Adquirir 4000 títulos, dicho sea de paso, es extraordinariamente caro. Los directivos de Amazon están convencidos de que comprando libros electrónicos el lector se ahorra un pico, pero yo no estoy de acuerdo. El margen de ahorro no convencerá a nadie para que prescinda del papel y las portadas y la certeza física de la posesión. Cuatro dólares-o 2,72 euros- son una rebaja de pastel, porque el libro electrónico no genera costes reales, siempre que también se edite una versión impresa: el libro electrónico se queda hecho en el proceso de elaboración, edición y maquetación del formato tradicional, que se trata únicamente de un libro electrónico impreso y encuadernado.

Todo lector debería tener un kindle, por idénticos motivos a los que justifican que todo amante de la música tenga un ipod. El kindle no niega el libro-no hablemos ya de la literatura, a la que esto ni le va ni le viene- como el ipod no niega el cd, al menos en un entorno ideal sin piratería. La piratería tampoco es muy preocupante. La cosa estará crudísima pero hay músicos que siguen malviviendo del garito-como siempre-, músicos que toman tres platos y postre y se embarcan en una carrera musical-como siempre- y músicos que se ponen a ello y, merecimientos aparte, se forran. Piratear un libro no es tan sencillo como piratear música, y parece que los libros electrónicos gozarán de las mismas protecciones que la música comprada directamente en formato mp3, a través de itunes store o de la propia Amazon. Negro sobre negro es negro y los escritores y wannabes están acostumbradísimos.

El servicio que presta un kindle se reduce a poder comprar obras clásicas a precios irrisorios-obra completa de Oscar Wilde, noventa y cinco libros como noventa y cinco soles, por un dólar (68 céntimos de euro)- y a quitarse de encima el complicadísimo transporte de libros. Teniendo un libro a mano, claro, lo leeré en vez de usar el kindle. Si puedo evitar viajar con 4000 libros, lo haré, kindle en mano y dando gracias a Apolo, sus musas y Mnemósine que las parió. Exactamente igual que sucede con un reproductor de mp3, y espero que con igual efecto: jamás se ha escuchado tanta música como ahora. Eso es bueno.

Pero hay un pequeño escollo que puede inutilizar el kindle, o hundir a las editoriales, o abonar el campo del ingenio infractor. A saber: que un libro no se puede importar. Cuando compro un cd original de música itunes convierte su contenido, inmediatamente, en mp3. Esto cierra un ciclo legítimo y provechoso: adquiero el cd por motivos estéticos, fetichistas o de filia confesable, lo incorporo a mi colección y queda a mi disposición para prestarlo o reproducirlo en un discman polvoriento, un equipo de alta fidelidad o en la radio del coche.  Por supuesto puedo disfrutar de él indefinidamente en el ipod. Estas ventajas se reducen si adquiero directamente el archivo mp3, y dicha pérdida se refleja en el precio.

Eso no sucede cuando compro un libro tradicional. No puedo beneficiarme de su reverso digital, es decir, las ventajas del kindle no están coordinadas con la esfera tradicional del libro como sí lo están las del ipod con las del cd. El libro es un objeto esencialmente desplazable, no necesita del kindle. No necesita cargarse ni conectarse a la red eléctrica. El kindle debería permitir-cualquier aparato de su clase deberá hacerlo en algún momento- que el libro que compro en formato tradicional pueda convertirse en un archivo de kindle sin coste alguno. Buena fe y armonía, y si les apetece porque tienen el día ramplón, sinergia; que desde Grecia significa cooperar.

Como importar un libro es imposible, o muy gravoso, la solución pasa por adjuntar con cada copia impresa el código de descarga del archivo del libro electrónico, para goce inmediato en el kindle. Esta mínima corrección, creo, dispararía las ventas de libros tradicionales, las de libros electrónicos-me refiero al aparato- y no alteraría la venta directa del formato digital, porque A- quedaría a la disposición del comprador con precio más reducido y merma consiguiente de facultades y B- el formato digital se produce necesariamente en el proceso editorial del libro impreso (porque algo hay que imprimir).

Sencillo y limpio. El kindle permitiría elegir qué libros de la biblioteca llevarse de viaje o a la calle, o al salón, con tal de no manchar la preciada copia impresa. Toda biblioteca necesitaría su kindle para ser inmediatamente más gozosa y aprovechable. Hasta íbamos a descansar la vista. Para obtener un kindle perfecto basta con seguir la senda inteligentísima del ipod.

Total. Qué trabajo costará, habiendo pdf.

Escrito por Miguel Donate Salcedo

14 Enero 2010 a 12:52

Propósito de enmienda (estrenando el año).

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I- Aumentar el número de mis libros de Historia. Sólo tengo treinta y tres obras, y de ellas únicamente dos tratan la época contemporánea.

II- Actualizar un mínimo de dos días a la semana este blog.

III- Adquirir y utilizar sin prejuicios un Kindle.

IV- Tomar más fotografías.

V- Grabar un diario en vídeo, con puntualidad, para uso privado.

VI- Firmar de forma legible.

VII- Firmar sin pseudónimo.

VIII- Escribir a diario.

IX- No estudiar nunca menos de diez horas al día.

X- Volver a correr cada día.

XI- Mantener el orden que he conseguido poner estas Navidades, en todos los sitios y plataformas.

XII- Preocuparme menos por no ofender.

Escrito por Miguel Donate Salcedo

7 Enero 2010 a 13:53

Escrito en Vida y milagros

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Cage the elephant

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Ganas me dan de abrir un blog con ese título de canción.

Escrito por Miguel Donate Salcedo

7 Enero 2010 a 13:26

Felicitación de la RAE

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Tengo en mis manos la felicitación navideña de la Fundación pro Real Academia Española. Es el típico díptico con la felicitación por dentro y un bonito dibujo por fuera. La ilustración, que me parece sensacional, la firma Mingote; y al menos a mí me ha arrancado una gran sonrisa. Casi tanto como cuando puse en la estantería la nueva gramática, oscuro objeto de deseo desde que la anunciaron meses atrás.

La reproduzco aquí haciendo extensivo el deseo de unas Pascuas sedantes, armoniosas y pobladas de grata lectura.

-¡Viva el sillón D!

-¡Y el l!

Escrito por Miguel Donate Salcedo

22 Diciembre 2009 a 17:05

Petimetrear hoy

con 2 comentarios

La primera vez que leí la palabra petimetre fue una tarde de navidad de 1991, en una biografía de Mozart escrita por Tulio Ramos en 1944. Las primeras líneas del libro dicen:

Una tarde de otoño de 1762, por la galería central del palacio imperial de Viena, paseaba una pareja que diríase escapada del “país” de un maravilloso abanico de Watteau o de la decoración de uno de los magníficos jarrones que la cerámica de Sevres había lanzado a Europa en competencia con las próceres porcelanas de Sajonia.

Dama y Galán en miniatura, más que andar, parecían irse deslizando por el suelo encerado y luciente como un espejo, al compás de un gracioso “minuetto”.

La dama tenía ocho años, y con su cabellera rubia, sus ojos azules, su tez de nácar y su esbelta y grácil figura parecía emerger como una flor de la pomposa falda de raso azul bordada de oro, que le caía hasta los pies, calzados con diminutos chapines.

A su lado caminaba un petimetre que se dijera un elegante cortesano de la emperatriz, visto con un lente de disminución. Era un niño de seis años, de pequeña cabeza, negros ojos y larga nariz. Graciosamente vestido de caballero, con la casaca verde bordada de oro, rizada camisola, microscópico chaleco, calzón de raso y medias rojas y zapatos de alto tacón, con hebillas de plata, y al cinto una empuñadura.

Es una de mis palabras favoritas. Tiene un extraño poder ofensivo, porque es un insulto que se recibe tras el esfuerzo. Que a un sujeto le coreen “feo” tiene poco arreglo y no es como para aplaudir la maldad: él no ha hecho nada para serlo. Sin embargo que le llamen hortera es un insulto superior, porque se enjuicia después de una elección. Son insultos muy desagradables y suaves, sonoros: mamarracho, petimetre, chabacano. Para ser un petimetre hay que invertir tiempo, es decir, se insulta la voluntad de haberse convertido en un petimetre además del hecho de serlo.

La escuché hace poco en un capítulo de los Simpsons, en el que dos petimetres exclaman, viendo una parodia de una obra de Mozart (encarnado por Bart): ¡me entran ganas de petimetrear sin parar! No he sido capaz de sacarme el verbo petimetrear de la cabeza y me he visto obligado a convertir en tono de móvil esa frase, para que me asalte de vez en cuando. Escena y timbrazo:

Timbre—-> Descárguese de aquí y no hay de qué.

Escena: http://www.youtube.com/watch?v=3Gix1NwgOIs

Si dos sujetos intentan ser extremadamente elegantes pueden resultar en dandis o en petimetres. El núcleo de estos insultos es el fracaso en lo que se perseguía. “Pretendía ser un dandi, ¡y míralo ahora!”.

Claro que el petimetre es un tipo teatral, normalmente empleado para ridiculizar al varón afectado, afeminado, despojado de virilidad (un burgués que quiere parecer noble imitando únicamente la imagen, lo superficial, un fracaso estético que no engaña, un error de esfuerzo). La indumentaria del petimetre no incluiría hoy hebillas de plata, pero la ficción ha rescatado este arquetipo gracias a las historias de superhéroes con identidades secretas. Siempre que un individuo quiere ocultar una identidad de masculinidad muy marcada compensa en exceso al conducirse públicamente como alguien delicado, ajeno a los problemas y a la acción. Diego de la Vega es el petimetre, el Zorro es la identidad secreta que consume todo su aplomo natural. Bruce Wayne es el petimetre de Batman-multimillonario, playboy, snob y bon vivant). Otros héroes no necesitan debilitar su imagen pública, porque no despertaría sospechas: Peter Parker no es un petimetre, porque socialmente no se vinculan rasgos heroicos a su personalidad. Ser un petimetre de cara al público, nótese, es una forma de tener tres identidades: la secreta, la pública y la real. Sólo cuando la personalidad real es de cierto poder debe ridiculizarse y maquillarse: después de todo la personalidad real es idéntica a la secreta, y sucede tan sólo que el héroe debe ocultarse a sí mismo dos veces.

En teatro está todo hecho, me temo. Quitando a Alan Bennett.

-¿Algo nuevo de Bennett?

-The Habit of Art.

-Promising?

-Buf.

Escrito por Miguel Donate Salcedo

15 Diciembre 2009 a 15:01

Escrito en Opinión

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